Breve historia de Castilla


Elaborado por Unidad Popular Castellana, a mediados de los años 90
Categoría: textos-castilla
1.ORIGENES


En las montañas de Santander, en plena Edad Media, las gentes de un "pequeño rincón", un territorio dependiente del viejo reino asturgalaicoleonés, desarrollaron una pujanza y una vitalidad tales que en el espacio de unos pocos siglos, su cultura y su estado se extendía por toda la Meseta Norte. Asimilando al viejo reino leonés del que había surgido y continuando la tarea histórica expansiva y conquistadora de éste, las gentes de lo que ahora era Castilla llegaron al Tajo y lo rebasaron, soldando sólidamente a su estado el que fuera reino musulmán. En su impulso, los castellanos llegaron hasta el mar, convirtiendo a Andalucía en una parte del amplio país.

2.EDAD DE ORO

La situación se hizo más compleja cuando la Corona de Castilla se juntó con la de Aragón, en tiempos de Isabel de Castilla. Así, un reino que contenía varios pueblos en su interior, varias "naciones", (si entendemos este término como la definición de peculiaridades estrictamente culturales y no en los términos políticos de nuestro tiempo), pero cuya forma de gobierno era cada vez más unitaria, Castilla, convivió en el mismo estado con un conjunto diferenciado de reinos, Aragón, que tenían cada uno sus propias instituciones y hasta su propia historia. Castilla además, se convirtió en uno de los estados más modernos de Europa, con una pujanza económica, social y cultural muy intensa, extendida no sólo por los territorios estrictamente castellanos, sino también por los de los otros pueblos que compartían la Corona (Andalucía, sobre todo).

Por eso, no es extraño que, cuando el azar puso la corona de los Reinos de España en la cabeza de un rey extranjero, Carlos V, que no supo entender cual era la situación de sus súbditos, el nuevo rey se encontrase de pronto con que tenía enfrente a "la primera revolución moderna de la Historia de Europa", la de los Comuneros de Castilla. En esa revolución, de causas muy complejas y no sólo ni principalmente por odio o aversión a los extranjeros, como algunos han querido ver, se percibe una inquietud de un pueblo que tiende a querer ser una nación (pese a que aún faltan más de dos siglos para que las naciones, tal y como las entendemos hoy, puedan existir).

La epopeya de los comuneros, es pues uno de los grandes hitos de nuestra historia, más importante incluso porque fracasó y tuvo como consecuencia la frustración de lo que pudo haber sido una de las grandes naciones europeas, perfectamente comparable en cuanto a efectividad y modernidad con cualquiera de las del "grupo de cabeza".

3.EDAD DE PLATA

El fin de los comuneros no supuso el fin de Castilla. Incluso la prosperidad material se acrecentó como consecuencia de la expansión por América. Pero nadie podía parar ya el establecimiento de Castilla como base de recursos económicos y humanos para la empresa imperial de los reyes austriacos. Después de los comuneros Castilla dejó de protestar, se amansó y aceptó sin rechistar todas las cargas que el imperialismo de los reyes exigía. En definitiva, Castilla dejó de ser dueña de sí misma y de su destino. Y no hay que olvidar que esa mentalidad imperial llegó a extenderse entre el propio pueblo castellano, y ese es uno de los legados más tristes y dolorosos de nuestra historia: el hecho de que buena parte de nuestro pueblo haya sido desde entonces incapaz de pensar en sí mismo, en su propio bien, y haya tenido siempre el pensamiento en lo general, lo abstracto, en ese Imperio Español cada vez más pequeño. Es por eso que el nacionalismo castellano pide hoy un respiro, un poco de tiempo para pensar en nosotros mismos, para arreglar nuestros asuntos, con el convencimiento de que una Castilla próspera y libre, tendrá como consecuencia una España y una Europa y en definitiva un mundo, cada vez más próspero y libre.

4.DECADENCIA
Pero las riquezas que los imperios proporcionan no suelen durar mucho, y Castilla no fue una excepción. Sobrevino la crisis: el campo, falto de las gentes que se habían desparramado por Europa y América, no producía; las industrias y las artesanías tradicionales se vinieron abajo; el comercio servía sólo para comprar en el exterior con el oro que venía de las colonias; media Castilla estaba constituída por pícaros de alta o baja cuna, sin oficio ni beneficio y la otra media sacerdotes, monjas, capellanes, frailes, o religiosos de una u otra condición. Pese a ello, nada pudo desmantelar la potencia de la cultura de Castilla: un puñado de grandes genios, no todos procedentes del estricto territorio castellano, pero todos deudores de su cultura; y aún más, toda una cantidad de literatos, arbitristas, eruditos, protocien-tíficos, que formaron el tejido sobre el que aquellos crecieron.

Para entonces Castilla, ha dejado de poseer su propio estado, y se ha convertido en simple parte del Estado Español, al que no hay que confundir con España, que es una realidad histórica mucho más compleja, amplia y humilde de lo que los imperialistas de todos los tiempos han querido ver. Así pues, como parte de un todo, Castilla se ve subyugada y sumida y, en lo político, desaparece.

Sin embargo, hondas corrientes subterráneas fluyen por debajo de ese todo, formando la verdadera vida: hombres y mujeres del pueblo castellano, empeñados en lucha diaria contra la miseria y el hambre, agotados por los impuestos necesarios para costear un imperio del que no recibían ningún beneficio, sucumbiendo a las epidemias o a la arbitrariedad de los que poseían las tierras, y pese a todo ello, capaces de retener, mantener y crear una cultura propia, digna, que hacía música de las labores cotidianas y poesía de los ciclos de la atmósfera, que convertía a un traje de boda, en todo un museo de bordados.

De estos dos hechos se deriva, que cuando en el siglo XVIII, destruidas algunas de las resistencias de ese pasado, algunas de las trabas del Imperialismo, los Borbones y los intelectuales ilustrados miran a España y quieren hacer de ella otra Francia, no verán más que Castilla por todos lados: Castilla cedió su estado a España, Castilla cedió su cultura, su idioma, sus posibilidades. Y al cederlo todo, se quedó casi vacía.

5.OCASIONES PERDIDAS

En esos momentos Castilla es aún un país si no próspero, al menos si con algún sueño de futuro. Pero su economía, ligada casi exclusivamente a la agricultura, comienza a quedar desfasada frente a una Europa en vías de industrialización. Cataluña empieza un despegue industrial que ya no se verá frenado, más tarde vendrá la industrialización del País Vasco. Y Castilla, convertida para entonces en país de caciques, curas, nobles, funcionarios y políticos (en Madrid, adónde Felipe II había trasladado la capital castellana se dirimían todos los asuntos del estado). La desamortización de la tierra sólo había servido para quitar la propiedad de la tierra a las Comunidades de las aldeas y los pueblos y, en parte, a la Iglesia, y venderla a bajo precio a los nobles, industriales y banqueros.

Así, cuando en 1868 se proclama la Revolución Gloriosa, Castilla cree que puede ser un medio para recuperarse. Se firma así el Pacto Federal Castellano (1869) en el que las diecisiete provincias castellanas declaran la intención de federarse, de unirse para recuperar el país, apelando a la memoria de los comuneros. Todos sabemos el triste final de la Primera República, y con ella, de las esperanzas castellanas.

Poco después, Castilla llegaba a una de sus épocas de miseria más tristes: el hambre de tierra y de pan de los campesinos, las primeras emigraciones, sangrías que van despoblando poco a poco el campo castellano, el sometimiento a señoritos y gobernadores civiles, las revueltas de los campesinos y de los pocos obreros, la dictadura de los patronos y los terratenientes, la desaparición de la cultura en una tierra baldía.

Hubo, es cierto, pequeños intentos de recuperación, entre 1898 y 1931: los primeros intentos regionalistas, la revista nacionalista "Castilla", editada en Toledo, los proyectos de Mancomunidades... Y un inicio de progreso económico en algunas ciudades, especialmente Madrid. Así, cuando llega la república, toda una serie de organizaciones obreras y campesinas, unos puñados de intelectuales que aman su tierra e intentan luchar por ella, sacarla del marasmo y la decadencia.

Pero pudo la reacción de los de siempre, y una tremenda guerra en la que los intelectuales, los elementos activos y conscientes del campesinado, de los obreros, de los pequeños comerciantes, de los artesanos, fueron o aniquilados o expulsados. Quedó Castilla de nuevo en manos del odio, del egoísmo, de a quienes no le interesaba el resurgir de este pueblo.

6.DICTADURA Y RESURGIR.

Franco esquilmó a Castilla en un modo que jamás se había llevado a cabo. O, mejor, para no darle excesivo protagonismo a quien no lo merece: el culpable fue el modelo económico y cultural del franquismo.

El salvaje desarrollo de los años sesenta despobló Castilla dejándola con la menor densidad de población de la Europa Occidental. Miles de castellanos hubieron de emigrar al País Vasco, a Cataluña, a Alemania o Francia, para poder ganarse un pan que aquí se les negaba. Fábricas monstruosas que extraían los recursos humanos y económicos de nuestra tierra, centrales nucleares que contaminaban pueblos y campos y que creaban energía eléctrica para alimentar las industrias de grandes ciudades extracastellanas, pantanos que anegaban ciudades y pueblos, trasvases de agua hechos sin medida ni respeto, provincias que tenían menos población que en el siglo XV. Esta fue la herencia de la dictadura franquista para Castilla.

A principios de los años setenta la situación de decadencia de nuestra tierra propició la creación, quizás por primera vez, de una conciencia de problema nacional. Quizás por primera vez, jovenes intelectuales se lanzaron a los pueblos a recoger las últimas migajas de cultura popular castellana -no podemos dejar de mencionar los nombres de El Nuevo Mester de Juglaría, de Joaquin Díaz, de Ismael, de María Salgado, de Luis Díaz Viana, de Manuel Luna y tantos y tantos otros personajes-. Quizás tambien por vez primera, los castellanos comenzaron a pensar que ya era hora de ocuparse un poco de sí mismos, de dar un poco menos, de derrochar un poco menos y apuntalar el cansado edificio de la Vieja Castilla.

Fue entonces cuando por iniciativa de un grupo de intelectuales castellanos se institucionalizó la conmemoración popular del 23 de Abril en Villalar de los Comuneros: el símbolo de la pérdida de nuestras libertades se convertía así en el símbolo de la lucha por un futuro nuevo, por un desarrollo nuevo y una libertad nueva.

Pero en el río revuelto del fin del franquismo, los pescadores-caciques y politicastros mentecatos maniobraron para evitar el crecimiento de esta conciencia. Una partición y división de las tierras castellanas realizada con la mala fe o la ignorancia selló para largo tiempo la división de nuestra nacionalidad en cinco "comunidades" sin autonomía real y sin ligazón común. Esto se hizo, al contrario que en Cataluña o Andalucía sin referendum de ningún tipo, sin atender a los deseos del pueblo al que estos políticos decían representar.

Se pretendió tal vez, en ese momento, dejar a Castilla fuera de juego, dividir su influencia o su presunto "poder". Pero de nada sirvieron estas mezquindades. De nuevo por primera vez -cuantas primeras veces- la vieja Castilla vio el nacimiento de grupos de personas, de asociaciones y, por fin, de partidos y movimientos políticos comprometidos con la defensa de su tierra y de su pueblo. Los problemas, muchos, las carencias, infinitas, y los propios defectos del pueblo castellano y de su cultura comenzaron a ser combatidos con conciencia, cultura, ilusión y rabia. Lejos de cualquier xenofobia y de cualquier odio a lo ajeno, porque los castellanos, pueblo mestizo y universalista donde los haya, consideran que cualquiera que vive y trabaja -o lo intenta- en Castilla es tan nuestro como el más anciano campesino de los Montes de Toledo.

Algo nuevo surge en esta vieja tierra, un fantasma que recorre los páramos, las sierras, los montes, los valles, los encinares y los pinares, los castillos y monasterios, las ciudades antiguas y las ciudades-dormitorio que rodean Madrid... Esta novedad es la conciencia de la lucha de los castellanos por una Castilla más próspera y justa en un Europa más libre y solidaria.